DE LAS COLECCIONES DEL MUSEO
Se destacan en la cerámica de los
indígenas del Paraguay cinco tipologías: a) La cerámica indígena Guaraní del Paraguay
Oriental; b) La cerámica Guaraní de los Chiriguanos subandinos; c) La cerámica
Guaná-Mbayá-Guaycurú del Alto Paraguay; d) La cerámica Payaguá; e) La cerámica
utilitaria chaqueña.
La técnica en espiral -sobreposici6n de rodetes de barro- caracteriza a toda la cerámica, usándose como antiplástico carbón vegetal, fragmentos triturados de vasijas rotas, huesos molidos y también coco triturado.
Las mujeres son siempre buenas ceramistas, compitiendo a veces en la manufactura de las cerámicas festivales.
En la cerámica Guaraní se destacan las urnas funerarias, coligadas con rito funerario. Tales grandes "Yapepó-ollas" se usaban para la cocción de túberos, fermentaci6n de alojas, especialmente para la preparación de la aloja del primer maíz cosechado y en ocasión del ceremonial antropofágico; en estos casos, las vasijas también se enterraban como las urnas. Los hallazgos de estos grandes recipientes cerámicos casi identifican, por su forma y ornamentación, su dispersión antropodinámica.
La lámina representa una urna funeraria con decoración corrugada per medio de la impresión digital; este tipo decorativo es característico para el antiguo estrato cultural proto-Mbyá-Guaraní.
El interior de la vasija es cuidadosamente alisado, el grosor de las paredes es aproximadamente de 1 cm. ensanchándose hacia el borde; tiene una altura promedio de 45 a 80 cm, correspondiendo casi al diámetro máxima de la abertura. El máximo ancho de una "yapepó-olla" se halla generalmente a los dos tercios de su altura; en dicha circunferencia se denota un canto pronunciado, a veces cortante o redondeado, disminuyendo luego el ancho hacia el cuello. Las tapas que se colocan sobre las urnas en forma de una cúpula, son simples vasijas-fuentes hondas. Estas tapas son de unos 30 a 45 cm. de ancho por unos 25 cm. de alto.
LAMINA N 2: Representa dos urnas lisas y pintadas, caracterizando
el estrato "proto-Cario" de la última ola migratoria de 1os "avá",
ya con cierta influencia alfarera de los Arawak amazónicos. Su altura es siempre mayor
que su diámetro máximo. De las tres partes en que se divide su forma, la inferior es la
mayor, llevando algunas líneas paralelas incisas a modo de "cepillado"; la
parte superior, destacada por un canto mas o menos pronunciado , es pintada con caolín
blanco mientras el cuello de La vasija lleva un listón generalmente pintado en rojo de
ocre o "urucú". Con menos frecuencia se encuentran las urnas que llevan en su
parte superior los diseños decorativos sobre el fondo blanco-amarillento o
rojizo-marronáceo Los motivos decorativos más comunes son: listas sencillas con color
alternado, bandas de ángulos encajados uno dentro del otro, líneas curvas o
serpenteadas, bandas cruzadas intermitentemente por líneas o puntos negros, bandas de
motivos meándricos, bandas de líneas horizontales coma abriéndose en hojuelas de
palmas, líneas arqueadas con verticales serpenteadas.
Las fuentes que sirven de tapas para las urnas pintadas no suelen llevar diseños decorativos, siendo poco frecuentes las que en su interior llevan bandas rojas en zig-zag sobre el fondo blanco.
Los Chiriguanos-Guaraní que emigraron del
Paraguay en el siglo XVI, subyugaron a los antiguos pobladores pre-andinos Chané-Arawak y
asimilaron algunos elementos culturales que pueden observarse también en la cerámica. Se
manifiesta un desdoblamiento entre la cerámica culinaria chiriguana, manteniendo la
antigua pauta de decoración Guaraní en estilo corrugado-digital, y La cerámica de uso
festival para los frecuentes convites interparciales, éstas ya por su decoraci6n y forma
indican la influencia Chané-Arawak pre-andina.
La lámina representa dos vasijas culinarias y un cántaro en red de caraguatá. Las ollas llevan toda la pared decorada con impresión digital y a veces sólo una banda de impresiones bajo el cuello; suelen llevar dos asas laterales para suspenderlas sobre el fuego. La influencia Chané se denota en La aplicación de una hilera de protuberancias en la pared de las vasijas las grandes vasijas "yapepó" del mismo tipo, sirven para la fermentación de la chicha de maíz.
El gran cántaro para el agua es característico para los Yzozo - Chanés. Cuidadosamente pulido para disminuir su porosidad y de cuello corto y estrecho, el cántaro no lleva asas laterales y por ello se 1o coloca en una red de "caraguatá" para facilitar el transporte.
LAMINA 4: Representa vasijas y potes para
servir La chicha de maíz y fuente para comidas, cerámicas usadas en los convites
festivales de los Chiriguanos-Guaraníes. Estas vasijas globulares llevan aveces una a dos
asas laterales y el fondo es siempre plano. El tinte básico es amarillo o marrón oscuro
y como lustre se emplea la resina de "taravirutí" (mimosoidea) o la resina de
Palo Santo. Las motivos decorativos más frecuentes son: triángulos o volutas, voluta
doble en forma de una "S" horizontal, espiral continua, líneas en zig-zag,
Angulos enlazados, anillos concéntricos y motivos reticulados. Las fuentes suelen llevar
el borde interior ornamentado.
La cerámica de los chaqueños es
esencialmente utilitaria; como pueblos de cultura paleolítica desconocían la cerámica,
y la presencia de ésta entre ellos se debe a las influencias de los pueblos neolíticos
vecinos.
Se destacan entre las diferentes cerámicas los cántaros para transportar y guardar agua, ya que los chaqueños viven tan dependientes de la provisión de agua. Los cántaros tienen forma algo ovoidea, un cuello muy corta y estrecho, dos asas perforadas y puestas en sentido vertical a la altura del medio cuerpo globular, donde a veces lleva una pequeña entalladura; por las perforaciones de las asas va la cuerda de caraguatá. La mujer, exclusiva portadora de los cántaros, ataja dicho cordón por la frente y apoyando la vasija sobre su espalda. Para la decoración, poco frecuente, aplican resina de Palo Santo en forma de burdas líneas de puntos.
Los Payaguá, canoeros - pescadores del río
Paraguay, manufacturaban la llamada "alfarería gruesa" que tipologicamente
caracteriza a los grupos étnicos de la zona anegadiza del litoral del Paraná.
Las grandes vasijas con forma de campana, de factura algo tosca, llevan en el borde dos a tres hileras de impresiones digitales hechas con palitos redondeados, mientras la superficie es marcada con líneas incisas paralelas y diagonales. La decoración tosca de ornamento digital es una adopción de la cerámica guaraní.
Con estas vasijas solían cubrirse los cráneos de los muertos que eran enterrados en posición flexionada, solamente hasta el cuello. Las pequeñas islas del río Paraguay eran zonas que los Payaguá. utilizaban para enterrar a sus muertos.
La lámina representa dos cántaros con ancha abertura del cuello, manufacturados frecuentemente con fines de trueque. Algunos cántaros tenían el carácter de urna funeraria, en cuyo caso la vasija lleva algunas perforaciones, especialmente en el cuello, interpretando el concepto de "salida y entrada" de las almas de los muertos para sentir "el sol, el viento y el agua del río", la vivencia tradicional de los canoeros-pescadores-piratas.
Los Mbayá-Guaicurú adoptaron La cerámica de
sus vasallos, los Chané-Guaná-Arawak andinizados, excelentes alfareros, que prestaron
sus servicios en las comunidades de sus "señores" Mbayá
A principios de este siglo, el explorador Guido Boggiani logró reunir la más importante colección de la cerámica Caduveo-Mbayá del Alto Paraguay. En nuestra colección se encuentran algunas vasijas de Puerto Valinotti (frente al Puerto 14 de mayo).
La lámina representa una vasija globular con cuello alto usado como recipiente para la chicha y dos potes cilíndricos con base anular.
Las características de esta cerámica son el uso del barro fino de los barrancos del río, de color gris-azulado, el delineamiento de los motivos decorativos por la impresión negativa de un cordoncillo trenzado de fibras de "caraguatá"; los motivos decorativos tradicionales son geométricos en toda la superficie cilíndrica, basados en un motivo escalonado. Los motivos fitomorfos se aplican sólo en la superficie globular o a los platos-fuentes, desarrollados recién en la época colonial en virtud de la gran asimilación cultural; las vasijas pueden recibir el teñido rojo con polvo de hematita o bien los colores rojo o negro de resina do Palo Santo, al estar la vasija aún caliente ,y el blanco de caolín para destacar las líneas impresas delineadas
Por su forma, las cerámicas Mbayá indican: vasijas para agua, vasijas para chicha, potes, copas, fuentes con paredes altas, fuentes platos, escudillas y jarros.
Los potes cilindricos tienen una base angular que recuerda el tradicional motivo mitológico de la "luna creciente"; en donde se juntan un cuerpo anular con la pared de la vasija, como en la parte interior un ancho ribete fácilmente desprendible; los bordes son siempre festoneados; el fondo de la base anular suele llevar diseños que imitan el peinado de los hombres mbayá. Tales potes tenían carácter solamente ceremonial y eran usados en simples festivales.
Entre los guaraníes hay tres tipos de cestos:
el "ayaká" de los Mbyá; el "Yrú-agué" de los Chiripás y el
"pynakú" de los Paí Tavyterá.
Los Mbyá-Guaraníes son los que más conservan la antigua técnica de los cestos típicos del área amazónica, casi siempre ornamentados.
El arte ornamental de los ayaká -siendo los hombres sus manufactureros- manifiesta una expresión estética mucho más variada y expresiva que en la cerámica. Los cestos difieren por su tamaño y forma, pero la técnica ornamental constituye un elemento Mbyá tradicional, no faltando los objetos de aculturación que llevan el revestimiento del trenzado.
Para su confección se emplean las tiras do takwarembó (Chusquea ramossisima), con anchos de 4 a 5 mm y las tiras de corteza negra de "gwembepi" (Phylodendron) siendo la técnica la de entretejido. La forma es circular o ligeramente rectangular, con leve ensanches en los bordes, los cestillos circulares -para guardar plumas-, suelen tener la tapa trenzada. Los cestos grandes para transportar los frutos de cosecha llevan un refuerzo exterior: dos listones de 3 cm de ancho se cruzan en el fondo subiendo hasta el borde y luego doblados al exterior. Una faja trenzada do "gweinbepi" sirve para colocarla en la frente al transportarse el cesto. Los diseños ornamentales que cubren toda la pared del cesto, o sólo aplicándose por bandas, forman motivos de paralelogramos, triángulos ángulos; casi siempre de manera asimétrica; el interior de los ángulos se llena de cuadritos negros y blancos al modo de un damero.
Los Mbyá, buenos cultivadores de mandioca y
maíz, hacen unos cedazos, para cernir sus harinas, semejante a los confeccionados por los
Chiripá, aunque más ornamentados con el empleo de "gwembepí. Se confeccionan
con las tiras de "takwarembó", entramándose dos por dos, más o menos
distanciadas, sirviendo de borde un listón de madera liviana de unos 3 a 5 cm. de alto,
cuidadosamente ornamentado con revestimiento de "gwembepí".
El cesto "yru-agué"de los Chiripás
tiene carácter más provisorio y es de poca duración. Para su confección se emplean las
hojas pintadas de la palma "pindó" (Cocus Romanzoffianum), lo que determina la
técnica de un trenzado diagonal, entrepasándose las hojuelas de dos lados; el raquis de
la hoja misma sirve de borde, reforzado con tiras de "gwembepí"; las hojas del
fondo se recogen en una trenza. Los cestos son diferentes por su tamaño, tienen la forma
algo triangular y no se aplican diseños ornamentales; la cestería es una tarea de la
mujer.
El gran cesto "nakó" de los
Aché-Gueyekies se confecciona en la técnica de trenzado diagonal de una baja de palma
"pindó", sirviendo el raquis de la hoja de armazón rígido en forma de una
"U". La parte posterior del cesto termina en forma de un abanico que plegándose
forma una tapadera. Cada cesto tiene una banda ancha de 15 a 20 cm, de forma elipsoidal,
hecha en un entramado de fibras de "samuhú" o de fibras seca desde la
parte baja del mismo raquis, de las hojas de pindó. La mujer guayakí se pone esta banda,
"nakó chá" sobre la cabeza quedando la parte del cesto apoyada sobre su
espalda.
El torcido de fibras de "caraguatá",
una planta Bromeliácea, y la confección de bolsas - redes representan la manufactura
más característica de los chaqueños, quienes desconocen la cesteria.
Las bolsas de "caraguatá" significaban la utilidad, la tradición y la manifestación del "trabajo" de la mujer chaqueña.
Las Zamucos, las Maskoy y las Matakos eran conocidas como las mejores manufactureras de "caraguatá". La mujer casada, "que tuerce mucho las fibras de caraguatá", demostraba su eficiencia económica en la comunidad.
Para la labor en red de caraguatá además del trenzado con hilo doble, se emplean cuatro técnicas diferentes: simple enlazado, enlazado imbricado, en nudos envolventes y en nudos enrizados. El enlazado imbricado, siempre tupido, es la técnica preferida por las tribus que rechazan "el nudo" como mágicamente negativo; suelen usarse las agujas de hueso o de madera con "ojo" o simples espinas cactáceas. Cuando se trata de mallas grandes se emplean tablillas de madera, anchas de 3 a 5 cm. y de unos 20 cm de largo.
Las grandes bolsas-redes para transportar bienes, tienen la forma de una barca, con un largo de 120 cm y un ancho de 70 cm. Las mallas son generalmente mas grandes, mientras que las de malla pequeña se utilizan por las mujeres para recolectar las vainas de algarrobo y otros frutos. Las mallas laterales de estas bolsas se juntan por medio de un cordoncillo de caraguatá en forma de un lazo o ya de una oreja por donde se traspasa una venda de caraguatá, o una banda tejida de lana o un cinto de piel de animal que sirve para transportar las bolsas: las mujeres apoyan dicha banda sobre su frente, cayendo el peso de la bolsa sobre sus espaldas. Los hilos torcidos de caraguatá son teñidos con colorantes de origen vegetal en una variedad de colores: negro, marrón, marrón rojizo, gris claro y azulado, colorado, pardo, amarillo, etc. Se practica la inmersi6n de los hilos en tinturas obtenidas de cortezas de ciertos árboles, semillas, frutos, mezclas de barro negro a azuláceo con astillas de madera. El uso de la moderna anilina sustituyó rápidamente a las antiguas tinturas.
Las mujeres chaqueñas manifiestan en la confección de las bolsas su
gran sentido ornamental. Mediante los colores de las fibras aplican libremente unos
diseños estructuralmente geométricos, como bandas lineales, rombos, hexágonas,
pentágonos, rectángulos, escalones diagonales y motivos triangulares.
Tales motivos ornamentales son una estilización simbólica de diferentes animales y frutos: las bandas continuas interpretan el lomo del armadillo, las bandas discontinuas la piel de víbora, los rombos los ojos del tigre o frutos de tunas, los hexágonos la caparazón de la tortuga o armadillo, etc. Con la aculturación, la ornamentación se volvió estereotipada, reducida a algunos motivos elementales.
Las pequeñas bolsitas en labor de red de "caraguatá", de unos 10 cm o más de ancho y largo, son usadas por los cazadores chaqueños para guardar leznas, amuletos de caza, tabaco o pipas, etc.. Tales bolsitas casi desplazaron a las de piel de pájaros o caimanes y son un adorno obligatorio también ceremonial del hombre. Las bolsitas de los Chamacocos y Ayoreos-Moros son adornadas con plumas de pájaros y con abalorios y flecos de lana roja las de los Chulupíes, Maskoy y Ayoweos-Moros.
Las bolsas en forma rectangular usadas por los
hombres cazadores son de diferentes tamaños y técnicas. Las mujeres las usan para
guardar objetos y pequeñas provisiones. También estas bolsitas llevan diseños
ornamentales que son estilizaciones de animales.
Las hamacas "kyá, como
echaderos constituían un característico elemento cultural de los Guaraníes, asociadas
con el conjunto de "olla-fuego-hamaca" de una familia nuclear dentro de una casa
comunal multi-familiar. Las hamacas, eran antiguamente tejidas de hilo de algodón o bien
confeccionadas en técnica de trenzado con hilo doble de fibras de ortiga brava o del
raquis de la palma pindó; los hilos de la trama trenzada, distanciados de 10 a 15 cm,
terminan en flequillos. Los hilos de los dos extremos se unen en "orejas" para
poder suspender las hamacas de los postes por medio de cordones de "gwembepí".
Fundar una nueva familia significaba adquirir el derecho a su "lugar de hamacas"
en la casa comunal. Con el proceso de aculturación, las viviendas se volvieron
unifamiliares y las hamacas adquirieron el carácter de "echadero de descanso";
sigue, empero, indispensable la hamaca para el chamán en todas las ocasiones
ceremoniales.
Los Chaqueños usaban los cueros como
echaderos; adoptaron la hamaca por influencia del ambiente blanco. Los Chamacocos usan
generalmente plataformas levantadas como echaderos, pero adoptaron también hamacas hechas
en labor de red de fibras de caraguatá, con mallas mas o menos grandes. Se aplican los
mismos diseños ornamentales como en las bolsas cargueras de caraguatá, siendo preferido
el motivo en hexágono que simboliza las placas del caparazón de la tortuga o del
armadillo.
Entre los Chaqueños son los Chamacocos y
los Ayoweos quienes se destacan por la confección de mantas de caraguatá en técnica de
un tramado con hilo doble, una forma de transición entre el trenzado y tejido propiamente
dicho. En el siglo XVI, los Chaqueños eran conocidos por su trueque de "mantas de
caraguatá" por el metal hierro de los conquistadores. Las mantas, siempre con la
ornamentación propia de las redes, servían de protección para el cuerpo o bien a veces,
de echaderos. Su uso era exclusivamente masculino.
La banda para transportar criaturas,
"kromipia", de los Aché-Guayakies, es confeccionada con la técnica de trenzado
tupido de fibras de ortiga brava o de asamuhii; las partes finales del trenzado se recogen
en trenzas y ondas traspasadas forman un espeso rollo. La mujer coloca la banda sobre su
hombro derecho llevando a la criatura en el costado izquierdo, manteniendo así la
libertad de movimiento de los brazos. Durante las largas caminatas, las bandas con
criaturas se suspenden durante el descanso de cualquier rama.
Los Aché son excelentes cordeleros. Emplean el torcido de fibras de ortiga brava, de palma "pindo", de "samuhú", mezclándolas con pelo de monos o cabello humano, dándoles más resistencia. Se destacan las cuerdas para trepar a los árboles en busca de panales de miel y los "gúra" enrollados como muñequeras para defenderse de las mordidas de los animales cuando la caza del cuatí
El grupo norteño de los Aches confecciona ciertas esterillas de
tramado tupido de fibras en la técnica de hilo doble, con apariencia de un tejido. Las
fibras mixtas que se emplean permiten cierta decoración en colores, siempre en simples
líneas según el
hilo doble que abraza en espiral al hilo de
urdimbre, que es de filamento negro de "gwembepi" a gris - amarillento de
samuhú. Tipológicamente corresponden a los "tirú-tejidos" propio de los
paleolíticos Kainganges - Gé, proto pobladores alto - paranaenses.
El tejido de lana es un ejemplo de
laboriosidad manufacturera de los Chaqueños. Se desarrolló recién en la época
colonial, cuando adoptaron a fines del siglo XVIII las ovejas, ya que la región chaqueña
no era propicia para el cultivo del algodón. Como tejedores se destacaban los
Lengua-Maskoy y los Chulupies, para su propio uso preferían grandes mantas de lana,
largas de unos 2 metros y anchas de l,5 m siendo principalmente una vestimenta social
festiva de los hombres. Para el uso diario preferían simples mantillas utilitarias. Los
motivos ornamentales de las mantas expresaban una "marca" de identificación
tribal.
Por ventajas del trueque con el ambiente blanco, las mujeres chaqueñas tejían ponchos y fajas. En lugar del antiguo telar "arawak" que permite motivos decorativos sólo en base a la alternancia de hilos de color de la urdimbre y trama, los chaqueños adoptaron el tipo de telar "andino" que tiene un anillo de hilo de lana que pasa a través de la urdimbre. Tomando cada hebra alternada por medio de este dispositivo, se facilita entramar los hilos de diferentes colores formando estilizados motivos decorativos geométricos. En los ponchos predomina el color básico rojo, dividiéndose en anchas listas verticales intermitentes, donde se entretejen los motivos decorativos; todos los ponchos terminan en franjas. Entre los Matacos sureños predomina el color básico natural de lana, pero toda la superficie se halla dividida en amplias listas con ornamentación de hilos negros.
Las fajas tejidas de lana sustituyeron a los
antiguos ceñidores de "caraguatá" o de piel de animal; las comenzaron a usar
los indígenas a medida que se empleaban como vaqueros en las estancias. Las fajas de
color natural o rojo se hallan divididas en varios campos, cada uno de ellos llevando otro
motivo decorativo; solamente las fajas Chiriguano-Chanés se caracterizan por el simple
listado en colores, debido al uso del telar "arawak". Los motivos decorativos se
identifican con los aplicados en las bolsas hechas en labor de red de
"caraguatá". Para el teñido de hilos se usaban primeramente los tintes
vegetales antiguos, empero, con la manufactura de trueque se introdujo la anilina,
"el polvo de color", adoptada rápidamente por los chaqueños.
En el desarrollo de la técnica
"tipoy" como vestimenta de mujeres, influyeron el tipo andino y el tipo de los
Chanés-Arawak. Su adopción -con algunas adaptaciones regionales- se debe a la exigencia
colonial en cuanto "vestimenta decente" para mujeres. El "Tipoy",
representado en la lámina, típico de los Yzozo-Chanés y Chiriguanos, es tejido en forma
de una manga cerrada, predominando el color natural con líneas intermitentes en rojo. A
la mujer Chiriguana caracterizaba el "Tipoy" teñido en color azul-oscuro; la
mujer se cubría con é1 desde los senos hasta las rodillas. Se menciona el Tipoy hecho de
fibras vegetales, para los Mbyás-Guaraníes de la región del Monday-Acaray en el siglo
XVIII. No son comunes los "Tipoy" tejidos de lana, prefiriéndose el algodón,
rápidamente sustituido por simple tela-lienzo en el ambiente blanco.
El material lítico de nuestras colecciones
procede de Yaguarazapá, kuña Pirú, y Tacurupucú (Alto Paraná), donde
abundan los talleres líticos de cultura paleolítica, tipológicamente y
cronológicamente. Entre el material recogido deben destacarse raederas, raspadores,
pequeñas lascas-cuchillos, hachas de mano en forma curvada y las hachas en forma de un
azadón para cavar raíces. En la zona de Tacurupucú se encontraron algunas puntas
líticas de flechas y grandes pilones de piedra pulida o no, llamados "bastones de
mando".
Los Guaraníes, como también los Chané-Arawak, usaban las hachas de tipo celta, generalmente de piedra basáltica, enmangadas, con el borde inferior astillante-cortante y de diferentes tamaños según la necesidad del uso. Las hachas de los Guayakíes, "Ita-Yií, son generalmente de diorita de tamaño pequeño de unos 15 cm o grande de unos 25 cm. Las pequeñas son usadas para abrir los panales de miel y van enmangadas en la madera viva, la que al cicatrizarse constriñe fuertemente la piedra.
En los hallazgos de Puerto 14 de Mayo (Conchal sito en Ia confluencia del rio Nabileque con el rio Paraguay, orilla Oriental), el material lítico se compone de martillo de piedra diorita verde o basáltica, pisones de piedra en forma cónica, redonda u oval para machacar frutas, bruñidores de piedra y hachas del tipo chaqueño, de forma elipsoidal y con el característico cuello en la parte superior.
Objetos de madera.
a) Máscaras Chiriguano-Guaraníes: Los Chiriguanos adoptaron, por la influencia de sus vasallos Chané-Arawak, el uso y la confección de las máscaras "añavusú", hechas de madera blanda "toroboki", de tallado fácil, imitando la cara humana en su faceta ceremonial. Antiguamente, tales máscaras se relacionaban con el rito de la primicia del maíz, asegurando la protección de las ánimas de los muertos; con la aculturación, tales máscaras pasaron a ser "objetos del carnaval". Una de las máscaras está pintada con blanco de caolín y la otra representa a un Chiriguano con el labrete-tembetá y una vincha roja símbolo de autoridad y prestigio.
b) Recipientes-fuentes de los Ayoreos-Moros: Los Ayoweos Moros tallan sus "kadopet" especialmente para preparar el jugo picante en el cual mojan la carne de animales silvestres. La forma es rectangular con el fondo ligeramente redondeado y las paredes tienen unos 15 cm de alto. Son también los Ayoweos los únicos que tallan las cucharas de madera, de forma rectangular, de difusión andina y chiquitana.
d) Figuras zoomorfas de madera: Las figurillas representan algunos animales, en la lámina (dos yacarés y un armadillo), talladas en madera de "samuhú" muy liviana y de fácil manejo. Se denota la observación real y conceptual de todas las características zoomorfas mitológicas dentro de la antigua visión de los cazadores chaqueños.
Pipas: Entre los Mbyá-Guaranies, las
pipas "petynguá", son de cerámica en forma angular, teniendo en su parte
anterior una especie de cresta con agujero central para el cordoncillo, sirviendo de
boquilla un canuto de tacuara. Al abandonar la cerámica, confeccionaban las pipas de
madera de guayabo "arasa".
Los hallazgos arqueológicos confirman el uso de pipas de barro cocido y de forma acodada, una reminiscencia de las pipas de piedra halladas en los sambaquis de la costa atlántica. La pipa es un accesorio esencialmente de los chamanes, considerándose el tabaco un medio mágico y también inductivo al mundo visionario.
Las pipas de forma tubular caracterizan a las tribus Pilcomayenses, adoptadas por la difusión cultural andina como lo confirman los hallazgos arqueológicos.
Las simples pipas tubulares de madera tienen generalmente el canal interior continuo o ya ligeramente estrechado en su parte media o ya dilatandose hacia ambos extremos. Son largas de 5 a 15 cm y suelen tener un filtro de fibras vegetales previniendo que pasara todo el jugo del tabaco hacia la boquilla. Todas las pipas tubulares suelen ser ornamentadas con anillos pirograbados en ambos extremos o con un borde de motivos pintados con el azul de "ñandypá", o con simples entalles o ya plásticamente en forma de una aleta en la parte de la boquilla.
Los Lengua-Maskoy, también fumadores apasionados, hacían pipas de barro cocido, ligeramente acodadas en el medio, del tipo Chané-Arawak. Adoptaron posteriormente el tipo de "cachimbo" con boquilla.
Los Mbayá-Guaycurúes son los típicos que confeccionan las pipas-cachimbos de madera tallada, antropo o zoomorfas. Tales pipas tienen carácter socio-ceremonial: pasando la pipa en una ronda de hombres es la expresión de "amistad y paz". Suele usarse la madera de Palo Santo, cuya resina aromatiza el tabaco. Los Chamacocos suelen imitar las formas de las pipas Mbayáes.
Las cuyas de los Chiriguanos-Guaraníes,
calabazas partidas por la mitad, sirven de "vasos" para beber aloja de maíz o
como cucharas. Las cuyas son pintadas en rojo de urucú" y ornamentadas
profusamente con incisiones simples o pirograbadas; los motivos decorativos son
geométricos, zoomorfos o fitomorfos. La ornamentación de las cuyas era trabajo de los
hombres, mientras que la alfarería corría a cargo de las mujeres.
Cuando las Payaguáes se vieron obligados
a la convivencia con el ambiente criollo, en el siglo XVIII, no desaprovecharon su
utilitarismo productivo-truequista. Por las estancias vecinas y en la misma ciudad de
Asunción vendían sus mates y las calabazas estuches. El pedúnculo - cuello de la
calabaza que a la vez sirve de tapadera - era recortado en dientes grandes; las calabazas
eran siempre muy ornamentadas con incisiones simples y pirograbadas o combinadas; una
expresión decorativa atractiva, lo que indica sin duda la habilidad adaptativa de los
Payaguáes; era una producción artesanal para la venta, pero hábil e imaginativa.
Siempre se denota la división de la superficie en campos ornamentales, marcados por
líneas diagonales o por unidades triangulares. Los elementos decorativos forman motivos
geométricas y fitomorfos estilizados, con variaciones individuales dentro de una pauta
generalizada.
Exceptuando a los Chamacocos y los Mares,
todas las otras tribus chaqueñas conocen y emplean el tambor.
El primitivo tambor era una "olla-tambor"; la olla de barro cocido se llenaba con agua hasta la mitad y se cubría con una piel de venado u otro animal. De batidores servían simples palillos con punta roma.
El tambor es de difusión andina. Los chaqueños, al abandonar la "olla-tambor" por la aculturación, recurrieron a la "palma-tambor" (trozo de tronco de palma ahuecado).
En las sociedades guerreras, el tambor llegó a desempeñar, por la influencia colonial, un rol socio-expresivo. En los pueblos no guerreros y no tan rígidos en la iniciación guerrera, la función básica del tambor consiste en propiciar la madurez de los frutos para incrementar la pesca abundante y para propiciar la madurez de la muchacha púber.
b) Todos los chaqueños usan las sonajeras de pezuñas, por regla general de pezuñas de ciervos y venado, y limitadamente también de pecaríes y jabalíes.
Las pezuñas son perforadas y pasadas por un cordón de caraguatá. Los hombres se atan las sonajeras en los tobillos y con menor frecuencia en las muñecas o bajo las rodillas. Las mujeres -exclusivamente las mujeres viejas - la suspenden de una estaca, golpeándose esta al suelo durante la danza.
El valor conceptual de este instrumento musical se basa en el sonido producido, resonante o tintineante, simbolizando el poder mágico de espantar y mantener alejados los espíritus malignos siempre acechantes. En ocasión del rito de pubertad de la muchacha, las mujeres viejas y la maestra de danzas, baten en el suelo largas estacas de las que cuelgan sonajeras de pezuñas de venado.
c) Los Chaqueños hacen sus sonajas de la Lagenaria vulgaris (cucurbitáceas). Los pueblos cazadores chaqueños adoptaron este instrumento por influencia de las culturas neolíticas vecinas.
Los Chamacocos recortan el pedúnculo de la calabaza y colocan luego un largo tapón de madera que sirve de mango. En la calabaza se colocan diferentes semillas duras de frutos o piedrecillas, siempre ligadas con motivos mitológicos respectivos. Los chamanes Caduveos y Chamacocos solían revestir las sonajas con piel de avestruz.
El valor de la sonaja se base en la magia simpática; puede usarse ceremonialmente en determinados rituales, pero son generalmente los chamanes los que usan las sonajas para comunicarse con el mundo sobrenatural o tocarlas terapéuticamente en ocasión de las curaciones.
d) Los pitos grandes de cazadores en forma rectangular con bordes salientes en las esquinas caracterizan a los Chamacocos y Ayoweos. Los orificios se hallan en los bordes laterales del pito hecho de madera de Palo Santo, de Jacarandá o Palo Mataco. Tales pitos generalmente no son decorados, pero llevan a veces algunas lineas incisas corriendo en sentido de los bordes laterales. Los otros chaqueños usan pequeños pitos redondos, generalmente ornamentados con incisiones o pedacitos de latón en disposición geométrica.
El sonido del pito corresponde a un "lenguaje" de los cazadores, quienes se avisan entre si sobre los "movimientos" en la caza colectiva. Las pitadas pueden tener cierto valor social; al volver los hombres a sus asientos, el número de las "pitadas" significa el número de las víctimas de guerra o de presa de caza.
a) Sonajas y bastones de ritmo, son los
dos principales instrumentos musicales de los Chiripá-Guaraníes. Sirve para la sonaja
mbaracá el fruto del árbol lagenaria Cucurbita, de forma algo oval; al sacarse sus
semillas se impone un canuto de tacuara que sirve en su extremo inferior como mango,
sobresaliendo algo en el otro extremo. La sonaja se llena con semillas duras de la planta
Yvaú, mientras que un pequeño cordón "florido" con plumas de pájaros
(Psitácidos generalmente), adorna tales mbaracá. Estas sonajas tienen carácter
ceremonial y su origen se atribuye al héroe cultural, "Hyapú guasuva",
el mismo Sol-Kwarahy, héroe cultural, "danzaba con mbaracá" durante la
búsqueda del padre. La sonaja se convierte en un objeto ritual de los chamanes y hombres
adultos, participantes de la danza sagrada "Yyroky" pues por medio de ella se
puede entrar en comunicación con seres sobrenaturales. Las antiguas tradiciones hablan de
las sonajas que contenían "Alma-aivú", generalmente de algunos chamanes
muertos.
b) Para el bastón de ritmo se usa una vara de "tacuará" (Bambuácea) a la que sacan todos los nudos intermitentes, menos el último que forma el fondo del bastón. Tocándolo contra el suelo produce un sonido sordo de jabalí ;el tono, en si monótono, puede tener variaciones por medio del ritmo de los danzantes. En ocasiones ceremoniales, estos bastones llevan los flecos plumarios a modo de adornos. Entre los Avá-Guaraní, este bastón es un instrumento musical exclusivo de las mujeres y típico para el kuñá oporaíva, la mujer que guía la danza de mujeres; varias tradiciones mitológicas hacen referencia a este instrumento. Usa el bastón la Kuñá-takuá-poñÿ, Ia mujer del gran cazador mítico, y también lo usan las oporaiva en ocasiones cataclísmicas.
a) Las pequeñas flautas de Pan de los
Achés se confeccionan de huesos de pájaros o de canutos de "tacuara". El hueso
del alón de un cérvido se fracciona en tres trozos enlazados con un cordoncillo de
fibras de ortiga brava. En la parte inferior, cada trozo es tapado con cera negra.
Para expresar su canto de lamentaciones durante el luto, la mujer viuda suele tocar la flauta; con la flauta "Kymíra:iká" se clama desesperadamente por lluvia; con la flauta de "tora:iká" se lamenta la muerte ocasional de una moza núbil. La elección del pájaro de cuyo hueso se hacen las flautas, depende siempre de la asociación mítico conceptual. Estas flautas se tocan individualmente, interrumpiéndose con cantos de lamentaciones, entonados generalmente por las mujeres viejas.
Las flautas de Pan de tacuara se componen de tres o más canutos, enlazados con un cordoncillo de fibras de "pindó" o de gwembepí. Las circunstancias más frecuentes cuando se tocan estas flautas son las siguientes: adolescentes en ocasión de la abundancia de miel ("tei târâromimby"); las mujeres adultas, las que ya tienen el status reconocido de "Kuya:gatú", cuando maduran las frutas de las Mirtáceas, expresión máxima de las mujeres recolectoras; cuando los hombres están ausentes por causa de una caza colectiva, de venado en particular; a veces es una vieja la que toca la flauta, pero es una más joven la que entona el canto propiciatorio; recurren también a estas flautas algunos hombres adultos cuando están relatando sus hazañas de cazadores; también los jóvenes ya iniciados entonan tal flauta al buscar su compañera. Las flautas permiten al individuo un desahogo psico-emocional.
b) Los cazadores Achés usan con frecuencia los pitos "Kaware:papé". La pezuña del oso hormiguero se encastra en un canuto de "tacuara" que es revestido con cera negra en un espesor de l cm. Tipológicamente, estos pitos pertenecen a la misma categoría que las flautas cerradas en su extremo inferior. Los hábiles cazadores o exploradores suelen con estas pitadas dar la voz de alarma por la presencia de algún felino; como simple medio de "avisar", los cazadores recurren al remedo de pájaros y otros animales.
c) Las flautas "mimby" de los Guaranies, suelen tocarlas los hombres individualmente, expresando su estado emocional. Por el contrario, las sonajas y los bastones de ritmo tienen carácter socio ceremonial.
Son hechas de "tacuara" con cinco agujeros deflectores del sonido y uno en el extremo opuesto. Algunos "mimby" llevan en un extremo el adorno "florido" plumario.
d) En el área chaqueña suelen usarse los pitos óseos en el dominio de las actividades exclusivamente chamánicas. Los pitos de huesos de pájaros, largos de 5 a 15 cm, con el orificio del sonido y el deflector generalmente en uno de los extremos, sin stop de variación del sonido, suelen ser designados tipológicamente como "pitos matacos", de amplia difusión en Sudamérica.
Los Chamacocos suelen juntar tres o más pitos de hueso ensartados en un cordón de cabellos humanos a modo de collar. Las huesos empleados suelen ser de pájaros de carácter agresivo y, por ende, mágicamente poderosos y eficaces; mediante tales pitos, los chamanes claman visionariamente por la ayuda de sus "pájaros ayudantes", las almas transformadas de los chamanes muertos; los pitos óseos son el medio de comunicación mágica con el mundo sobrenatural. Se destaca el "loty biyo", un instrumento chamánico de los Chamacocos, usado en las curaciones mágico-terapéuticas. Se compone de un cinto de cabellos humanos, los cuales sirnbólicamente delatan el lugar de los "espíritus de enfermedad"; cuelgan de dicho cinto un pito largo y dos pitos pequeños, hechos del alón de la garza cuartelera, la que se identifica con la mítica "madre de los pájaros"; clamando por su ayuda quiere asegurar la curación mágica.
Adornos labiales y lobulares.
a) El labrete, llamado "Tembetá", caracteriza a todas las tribus Guaranies. El antiguo tembetá guaraní era, según los hallazgos arqueológicos, hecho de cuarzo en forma de una "T", de 10 cm de largo, siempre una insignia de un hombre adulto en todas las ocasiones ceremoniales. El uso del labrete de cuarzo parece ser "una propiedad" de los chamanes y en estrecha correlación con el "ita-verá" (piedra brillante) del mítico "Tupá Overasú", del gran "Tupá de la Tormenta". Entre los Mbyá es más comúin el labrete hecho de resina de árboles, sea de "yataiva" o de "tembetary", usados por todos los hombres adultos y mitológicamente coligado con el complejo solar.
El "Tembetá" significa protección contra la acción negativa de los "dueños de la naturaleza"; es también el adorno ritual de las "almas que viajan hacia la tierra del más allá"; todas las tribus culturalmente neolíticas y racialmente amazónides siempre manifestaban un profundo desprecio por los pueblos "que no usaban el labrete". En cierto sentido puede hablarse de una iniciación de muchachos púberes a través del rito de perforación del labio inferior para obtener el derecho de usar el "Tembetá". Para uso diario son comunes entre los Mbyá los labretes de simples canutos de "tacuarembó", quedando el labrete hecho de resina de "avaitá timbayuí" como característica ceremonial. Conviene decir que el abandono de la perforación del labio inferior constituye el primer paso a la "igualación cultural" con el ambiente criollo
Los Chiriguanos-guaranies conservaron después de su emigración del Paraguay, el rito de perforación del labio inferior para la imposición del labrete, que corría a cargo de un chaman en ocasión de un ceremonial público. Empero, van abandonado la antigua forma típica Guaraní del labrete, adoptando el nuevo tipo de labrete, el andino-arawak, que tiene la forma de un botón. Los labretes festivales tenían una base cilíndrica de metal, a veces en forma elongada, con una piedra semipreciosa en el medio, generalmente de color verde a azul. Los labretes simples tenían la base de latón y como adorno pedazos de vidrio; para el uso diario se empleaban simples "botones de cera" para tapar el agujero del labio inferior y prevenir la salivación. El use del "Tembetá" era también para los Chiriguanos el símbolo de virilidad; la cristianización y la misionización dividió a los chiriguanos en "infieles avá con tembetá" y "fieles civilizados sin tembetá"; el abandono del labrete constituía el primer paso hacia la "civilización".
b) La práctica de usar bodoques lobulares es común entre las tribus chaqueñas. Más que un adorno - el bodoque en si - importa la distensión del lóbulo de la oreja, pues implica una deformación corporal. La distensión del lóbuIo y el adorno respectivo indican una difusión andina si recordamos la tradición de los "Orejones" del status de nobleza proto incaica. La finalidad de esta deformación contiene varios factores: mágico - estético, distintivo tribal y también jerárquico por cuanto el bodoque pudo significar el status del adulto de manera parecida a los labretes entre otras tribus.
Cualquier perforación significa para el chaqueño una posibilidad potencial para la entrada del maligno portador de enfermedades; la distensión del lóbulo significa un engaño mágico para los espíritus malignos y una prevención mágica contra lo nocivo. Al llegar el contacto con el ambiente blanco, muchos abandonaron ciertamente la práctica de distensión del lóbulo, pero por cierto tiempo permanecían viviendo bajo el intenso temor de venganza, evitando "entrar en el monte" porque "ya no eran como antes".
La primera perforación del lóbulo se realiza ya a la edad de unos 3 años, entre los Lenguas, poco después de nacer la criatura. Se impone primeramente un pequeño cordoncillo de caraguatá o un palillo, pero, a medida que los niños crecen, se colocan pequeños rollos de corteza, hojas de palma, discos de tacuara o botones de madera, de diámetro siempre progresivo hasta que el varón adquiere el status de adulto.
Los grandes bodoques están hechos generalmente de madera de algarrobo, considerado siempre como árbol benéfico y vital. Los bodoques son planos de un lado y ligeramente convexos del otro, con un diámetro de 4 o 6 centímetros; para uso diario, los bodoques son simples, pero para el uso festival suelen ser ornamentados: pintados con el rojo de "urucú", recubiertos con incisiones o pirograbaciones, perforados y rellenos con lana roja propiciatorios, o revestido con pedazos de latón. El bodoque es por lo general un adorno distintivo de los hombres, pero entre los Lenguas lo usan también las mujeres.
Adornos con abalorios. Tratándose de
adornos, los chaqueños tendían a adoptar rápidamente cualquier materia prima del
ambiente blanco, con tal que sirviera de "ostentación" festival del hombre;
siendo la mujer siempre desplazada en este aspecto. Los abalorios eran buscados por los
indígenas ya al iniciarse los primeros contactos con los conquistadores.
Los hombres Lenguas, Chulupíes, Makás y Tobas confeccionaban anchas gargantillas de abalorios. sustituyendo las antiguas de carácter plumario; la moda del prestigio se impuso rápidamente. De base servían finas redecillas de caraguatá, ensartándose los abalorios de color rojo, blanco o azul en forma ornamental, formando cuadros geométricos, lineales o cuadrangulares. El borde superior se reforzaba con lana roja, llevando grandes borlas de lana y recubierta con abalorios.
Otro tipo de gargantilla, bandas o vendas, componíanse de plumas anchas, bandas tejidas de lana roja, cosiéndose en su superficie abalorios. Antiguamente tales bandas se cubrían con plaquitas de conchas.
Las pequeñas bolsitas de lana abundan entre todos indios chaqueños que adoptaron el tejido de lana; su modelo antiguo son las bolsitas trenzadas con fibras de caraguatá y adornadas con plumas de pájaros. Las usaban los hombres en ocasiones festivales. Predominan las bolsitas do lana roja. En la parte inferior corren hileras de flequillos y para mayor realce ornamental cosen abalorios, con la misma tendencia de manifestar "la posesión de cosas".
El "lenguaje" de las gargantillas y de otros objetos con abalorios es esencialmente estético, careciendo de una función socio-mágica
Los adornos plumarios siempre indican un
lenguaje socio - ceremonial de la comunidad; el "trajeamiento" ceremonial y
social significa para los indígenas su auto afirmación existencial y una seguridad socio
- mágica por el mismo simbolismo de las plumas de pájaros del "mundo
ornitomorfo". Se combinan de esta manera dos expresiones: la simbolizante -
interpretativa y la selectiva de la materia prima - a veces por simples colores - ambas
interpretando la verdadera conjugación indígena de la identificación mágico -
ceremonial.
a) Los Lenguas y los Chulupies usaban grandes "penachos", antiguamente el orgullo y el prestigio del hombre cazador y guerrero. El penacho se compone de una ancha banda frontal tejida de lana y teñida en rojo vivo, adornada con abalorios blancos en disposición de cruces. En la parte superior sobresale la corona de plumas rojo - escarlatas de flamencos o espátulas; las borlas de lana recubiertas con abalorios, cuelgan sobre las orejas. En un cordoncillo de caraguatá se enlaza cada cañón de las plumas de avestruz.
Los Lenguas interpretan tales penachos coma ayuda contra el "espíritu del pantano", "El todopoderoso", "Kiljikhama", enemigo existencial.
b) Las polleras de plumas de avestruz constituyen un adorno plumario típico para todos los chaqueños; se la ciñen solamente los hombres durante las danzas ceremoniales. Los lenguas usan este tipo de adorno en la "danza de buenas canillas", realizada en ocasión de la conclusión de la fiesta iniciática de varones; la danza interpreta una competencia de los "canilleros", buenos caminantes, buenos corredores de campo y, por ende, buenos cazadores. A través de Ia mitología, el avestruz, coma ave corredora, identifica al cazador.
LAMINA N 33: a) El diadema plumario, "pasyparak", es un distintivo de todo hombre adulto Chamacoco, miembro de un clan social, la lleva después de aprobar su período de prueba iniciática.
Sirve de base una redecilla de caraguatá, en cuyos enlaces se fijan plumas pectorales de pájaros; se forman tres hileras de plumas, dos de plumas negras y la intermedia de plumas verdes, amarillas o rosadas; el color depende del status por edad del hombre; las plumas rojas son reservadas para los chamanes, cuando estas representan a la mítica proto madre tribal. Si dos hombres intercambian su "pasyparak", social expresan su alianza de "compañeros - amigos". Al mismo tipo de diadema corresponde el brazalete plumario.
b) Los Chamacocos no usan ceñidores de plumas de avestruz como los otros chaqueños, sus ceñidores son más parecidos a la cultura plumaria de las Bororós de Matto Grosso.
El ceñidor puede usarse también como bandolera según las ocasiones ceremoniales. Se compone de 12 o más cordoncillos de caraguatá, en color natural o teñidos con marrón oscuro a negro. Los cordones largos, colgantes, son pendones gruesos de plumas en forma de rollos, en color verde a negro son intercaladas algunos cordoncillos finalizandolos con simples plumas. En la confección de los ceñidores hay cierta libertad en cuanto al uso de plumas, interviene cierta competencia individual. Los chamanes deben respetar el uso de los roles plumarios de acuerdo a su categoria funcional.
c) El adorno plumario cubre-nuca de los Ayoweos-Moros, se lleva en ocasión de los grandes festivales anuales. Los más elaborados son los cubre-nuca de los caciques guerreros y líderes comunales: por la espalda penden grandes cordones de caraguatá en los cuales se fijan las plumas como flecos - borlas y rollos trenzados de plumitas pectorales, formando una amplia red de pendones plumarios. Las plumas confeccionadas en típico arrollado es característica de la industria plumaria Zamuca.